LA IMPORTANCIA DE EDUCAR LA VOLUNTAD,

JUANJO MUÑOZ, ORIENTADOR FAMILIAR

En la etapa entre los 6 y 12 años es fundamental educar la voluntad de los niños.

Para ello debemos conocer lo propio de esa edad, los periodos sensitivos, lo propio de cada hijo.

Debemos educar de forma desigual a los desiguales.

Requiere por parte de los padres estudio y formación por un lado y pasar tiempo con nuestros hijos, escuchándolos y observándolos por otro.

La voluntad es la capacidad de querer, decidir y realizar lo decidido.

Las facultades superiores del hombre son la inteligencia y la voluntad. El hombre debe ser un hombre de voluntad buena, no podemos quedarnos con el apetecer o el desear.

Tendremos también especial cuidado con lo que se denomina sentimentalismo y la espontaneidad.

“Ahora toca lo que me apetece” es el virus MAPE (“mapetece”) de nuestros jóvenes o de nosotros mismos. “Porque yo lo siento así” , la verdad es la realidad de las cosas, no como yo lo veo o lo siento en determinados momentos.

Cómo educar la voluntad:

-La voluntad hay que educarla con el ejemplo y la coherencia.

-Con una educación motivada: motivos fuertes, valiosos, permanentes. Debemos aumentar la “presión interior” de los hijos. (Ejemplo del tren que se ensucia de polvo cuando hace un determinado trayecto pese a estar herméticamente cerrado, se  aumenta la presión interior del tren con respecto a la exterior y ya no entra la suciedad), con los chavales ocurre lo mismo si los vamos formando con hábitos, y valores fuertes es más difícil que lo de fuera les repercuta.

-Favoreciendo hábitos operativos buenos (lo que hemos conocido siempre como virtudes: orden, laboriosidad, generosidad).

-Dando una oportunidad de actuar por sí mismos a nuestros hijos y que resuelvan los problemas con esfuerzo personal.

-Hay que trabajar sus puntos fuertes y conocer cuales son sus debilidades.

La misión de los padres es dar ejemplo y coherencia. Debemos formarles, educarles y preparar para la vida. Es una labor de tanta trascendencia que cuando falta, difícilmente puede suplirse. No hace falta alcanzar la perfección en esta tarea porque eso es imposible pero sí tenemos que esforzarnos lo máximo.

Crear hábitos:

Es enseñarles buenos modales, costumbres, aseo, normas de comportamiento social.

Los hábitos se logran a través del tiempo con la repetición  de actos.

La perseverancia y la paciencia serán nuestros mejores aliados.

Las virtudes son hábitos operativos buenos que nos liberan, nos hacen más libres y son nuestros defectos (producto de nuestros apetencias, perezas, etc.) lo que nos ata.

Debemos tener claras nuestras intenciones, qué queremos conseguir de nuestro hijos. La motivación es un gran aliado para crear hábitos, y sobre todo hasta los doce años la motivación afectiva (haz lo por mami, para que se ponga el abuelo contento…)

Debemos mantener una exigencia para que posteriormente se transforme en autoexigencia. No tenemos que caer en el exceso de protección. Cualquier ayuda innecesaria es una limitación para el que la recibe.

Debemos ser constantes y pacientes.

Porqué educar  la voluntad:

Por su felicidad, la vida no es más fácil sin exigencia, sin voluntad. El autodominio nos hace más felices.

Porque si los padres no lo hacemos, nuestros hijos nunca llevaran las riendas de su vida, se dejarán llevar, no serán libres. Educar la voluntad es educar en libertad.

Porque no hay criatura más desgraciada que la que tiene una gran inteligencia huérfana de voluntad, porque esa gran inteligencia se pierde sin remedio.

Porque cada persona se va haciendo a través de las decisiones que va tomando es su vida. Nuestras acciones nos van automodelando (por ejemplo el mentiroso se hace y cada vez le resulta más fácil mentir en cualquier situación).

Cuando educar la voluntad:

En el momento más oportuno: desde una educación temprana.

Siempre en positivo la educación es más eficaz.

Llegando antes con el bien, utilizando una educación preventiva y en positivo. Conociendo los periodos sensitivos (etapas en las que es más fácil enseñar determinados valores)

Los periodos sensitivos referidos a la voluntad son: de 2 a 4 años el orden; de 3 a 6 años la obediencia; de 6 a 9 años la generosidad; de 8 a 12 años la laboriosidad ; de 12 a 15 años la solidaridad ;  de 14 a 18 años la lealtad. (En esta última etapa es importante enseñarles la diferencia entre amigo/compañero/ y cómplice. Amigo te ayuda a hacer las cosas bien, cómplice te ayuda a hacer las cosas mal, compañero compartimos tiempo con él para trabajo en clase etc.)

Un objetivo de los padres es que nuestros hijos tengan buenas notas, sepan idiomas, hagan una carrera… todo ello tiene que ver con su inteligencia; lo que tenemos que conseguir es que nuestros hijos quieran todo eso para sí mismos y esto tendría que ver con su voluntad.

Cómo educar la voluntad a través de los valores:

El orden: con horarios, horas de sueño establecidas, en su material, en su ropa, con sus juguetes, al pasar de una actividad a otra.

La generosidad: que comparta sus cosas, preste el material de clase, enseñando a dar, ayudando a los demás, siendo generoso, sabiendo escuchar, agradeciendo, reparando en las necesidades del otro, escogiendo a veces lo peor, rezando por los demás.

La responsabilidad: dándoles pequeños encargos, cumpliendo con los horarios previstos (la vida esta llena de compromisos familiares, profesionales, sociales, afectivos)

La laboriosidad: con horas de estudio, que termine lo que empiece.

La fortaleza: soportando una molestia, un dolor, un frío, el calor, superando un disgusto, dominando el cansancio, venciendo la pereza, no quejándose, comiendo de todo, levantándose a una hora fija, sentándose con posturas correctas.

La obediencia: las cosas se hacen ¡a la primera! Es un medio para educar la voluntad.

El optimismo, la alegría: Enseñarles a ver el lado bueno de las cosas, a alegrarse con la alegría de los demás.

El compañerismo, la sinceridad, la lealtad: ayudando a los compañeros, diciendo la verdad, hablando bien de los amigos.

En positivo la educación es siempre más eficaz, debemos darles la información que sea necesaria, para comunicarles lo que queremos de ellos. Buscando las condiciones precisas para una buena asimilación de la información: con alegría y tranquilidad, en un clima de confianza, dirigiéndose a ellos con delicadeza y cariño. La motivación debe ser la adecuada para que quiera hacer suyo lo que intentamos inculcarles.

Podemos llegar a nuestros hijos antes con el bien, lo que llamamos educación preventiva. (Ejemplo de la pared y los ladrillos, con lo que educamos vamos haciendo una pared de ladrillos que ellos romperán en la adolescencia y construirán otra , la suya, pero lo harán utilizando muchos de los ladrillos que nosotros les dimos).

Consejos generales:

Realizar actividades con nuestros hijos, establecer diálogos, tener cuidado con el lenguaje corporal, escucharles. Que ellos realicen encargos, darles tareas de implicación. En la adolescencia ellos nos pedirán el YO y el YA (lo que yo quiero y lo quiero ya).”Adolescencia es una época de la vida en la que los padres se ponen insoportables”.

Nuestros hijos nos ayudan a crecer como padres y como personas.

Recordar que el objetivo central de la educación es que sepan alcanzar la felicidad, que sean dueños de sí mismos para luego darse a los demás.

 

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