Lo primero de todo es preguntarnos: ¿Qué es el optimismo?, algunas personas respondieron: intentar ver el lado positivo de las cosas, ver la botella medio llena, etc… y enseguida nos dio una definición que nos hizo reflexionar a todas:

Arthur Ward dijo del optimismo:

"EL VERDADERO OPTIMISMO ES SER CONSCIENTE DE LOS PROBLEMAS,

PERO SABER RECONOCER LAS SOLUCIONES;

SABER DE LAS DIFICULTADES, PERO CREER QUE PUEDEN SER SUPERADAS;

VE LO NEGATIVO, PERO ACENTUA LO POSITIVO;

ESTAR EXPUESTO A LO PEOR, PERO ESPERA LO MEJOR;

TENER RAZON PARA QUEJARSE, PERO SE PREFIERE SONREIR"

¿No os parece realmente asombroso?

Después comentamos un poco el libro de “El hombre en busca de sentido”, donde se ve la actitud que decide tener una persona ante los problemas y avatares de la vida, recomendado.

-IMPORTANCIA DE LOS PADRES.

Los padres son el puente del que dependen los hijos para llegar a ser personas, ¿qué clase de personas queremos que sean nuestros hijos?, para ello deberemos enseñarles unos valores, unos principios, unas creencias y unas ideas para que ellos vayan haciendo su propio cuadro, cuantas más herramientas les demos más adornarán y embellecerán ese cuadro, pero… al llegar a la adolescencia rompen el cuadro, así, sin más, y quieren hacer el suyo propio, pero en su nuevo hacer recogen muchos trozos del suelo, muchos más de los que nos pensamos.

Los hijos son grandes imitadores de los padres, harán lo que vean, por eso tenemos que intentar ser lo más coherentes que podamos en la educación que ofrecemos, porque si estamos pidiendo que sean ordenados en su habitación, pero en el resto de la casa reina el caos, el desorden, no van a ser ordenados, si les pedimos que no griten, que no alboroten, pero se lo decimos a gritos, pues tampoco ayudamos mucho, etc… siempre con el ejemplo por delante, no nos debemos olvidar que es lo más eficaz en la educación y también en otros ámbitos de nuestra vida.

Es muy bueno pensar: “¿Qué tipo de familia quiero tener?”, y es bueno reflexionar porque es la única manera que tenemos para mejorar, para pararnos y pensar en qué fallamos más, en darnos cuenta del camino al que nos lleva nuestra conducta y el camino por el que llevamos a los que están con nosotros, por ejemplo, un día una señora estaba cosiendo el pantalón de su hija, y entonces, al entrar la hija en la habitación le preguntó: “¿Para qué estás cosiendo?, tíralo y compramos otro.”  Este gesto le dejó constancia del camino consumista y material que estaba forjándose en su hija, y no le gustó, ello le llevó a reflexionar sobre cómo están las cosas y cómo se pueden cambiar, porque se puede.  Reflexionar nos hace esforzarnos en buscar mejoras, evidentemente para ello debemos darnos cuenta de que no somos perfectos, de que cometemos fallos y tenemos el propósito de cambiar lo que vemos que puede ser mejorable, si nos viésemos perfectos sería imposible mejorar.

-¿CÓMO HACEMOS PARA LOGRAR ESTA ACTITUD POSITIVA?

Para llevar una actitud positiva no se trata de rechazar las emociones, si en un momento dado sentimos ira por alguna contradicción, tendremos y sentiremos la ira, pero lucharemos porque ese sentimiento no sea dueño de toda nuestra persona, lucharemos para no ser esclavos de unos sentimientos que nos pueden hacer actuar muchas veces de maneras que después seguramente nos tengamos que arrepentir.

Todas las personas tienen un CD en su cerebro, y si nos parásemos a escucharlo veríamos que prácticamente todos los días escuchamos el mismo rollo: “yo no puedo”, “yo no valgo”, “esto me cuesta”, “no merece la pena el esfuerzo”, “no consigo nada”, “para qué seguir”, etc…  Hay que cambiar el CD.

Lo mismo que para nosotros, para nuestros hijos, tenemos que tener muchísimo cuidado con los mensajes que enviamos a nuestros hijos.  Todos sabemos el potencial tan grande que tienen las palabras, una sola palabra te puede levantar, o por el contrario, te puede hundir… para toda la vida.

Hay que formar nuevos hábitos, y se puede.  La frase “es que yo soy así” pasó a la prehistoria, porque este tipo de frases te estancan, te reducen como persona, la persona puede cambiar, por supuesto que sí.

También el pensar “él es así”, nos aleja de la empatía, nos hace pensar que esa persona no puede cambiar y desistimos de comprenderla, de acompañarla, porque ¿para qué molestarme?, si total, no va a cambiar.  Hay que cambiar estas formar que tenemos de ver las cosas.

IMPORTANTÍSIMO: Mucho cuidado de no etiquetar a los niños, si a un niño estás continuamente diciéndole: “es que no haces nada bien”, “al final siempre lo haces mal”, “eres malo”, “nunca obedeces”, “como puedes ser tan tonto”, etc… porque el niño acaba creyéndoselo, se crea un circuito en su cerebro que realmente le hace creer que no puede cambiar y por lo tanto, ni lo intenta, pero no porque no quiera sino que realmente siente que ya no puede.  Es realmente importante esto, pensarlo bien porque es realmente donde más daño se hace.  Es en la fase de creación de la personalidad cuando suelen ocurrir estas cosas y nosotros somos, a través de nuestras palabras, los que sin querer, muchas veces por ignorancia, empujamos hacia un camino u otro.  Es abismal la responsabilidad que tenemos entre manos, ¿no crees?.

Un periodista hizo estudios en los países donde más talentos salían, de fútbol, de música, etc…  algunas veces podemos pensar: ¿se nace genio?, pues a través de este estudio vemos que no, indudablemente hay quien tiene más talentos para una actividad en concreto que otros, pero la verdad es que es un 1% de inspiración y un 99% de trabajo.  Trabajo, hacer las cosas una y otra vez, hasta que salgan.

Por ejemplo a Paco de Lucía no le gustaba tocar la guitarra, increíble ¿verdad?, y no le gustaba, aun siendo un genio, porque su padre le obligaba todos los días a tocar la guitarra hasta que le dolían las manos, aquí vemos que el trabajo tuvo mucho que ver.

Para lograr buenos resultados tenemos las tres reglas de oro:

Buen humor, motivar y práctica.

-REVISA TU LENGUAJE.

Hay palabras… y palabras.

Tenemos las palabras-semilla, que son las que se dicen para animar, para convencer de que se puede, que el que las escucha se siente motivado para realizar las actividades, que parece que los obstáculos desparecen, en definitiva, aumentan la autoestima.  Evidentemente son las que deberíamos utilizar siempre.

También tenemos las palabras-asesinas, estas las deberíamos evitar a toda costa porque hunden, machacan, asfixian.  Son las palabras:”no vales”, “no sirves”, “eres malo”, etc…

Por ese camino llegamos a las palabras-suicidas, ¿te parecen palabras fuertes?, se llaman así porque hemos llegado a la conclusión de las palabras: “yo no valgo”, “yo no puedo”, “yo no sirvo”, etc…

Tenemos que darnos cuenta del inmenso poder de las palabras, de lo que podemos construir o destruir con ellas, es así de simple y así de dificultoso, pero hay que darse cuenta.

Por ejemplo, fijémonos en la palabra: “pero” , esta palabra es el borrador universal.  Si estamos contentos porque nuestro hijo se ha portado bien, pero nos damos cuenta de que no ha recogido su habitación, si le decimos:

“estoy contenta porque hoy te has portado bien “PERO” veo que no has recogido tu habitación”, en ese “pero” acentuamos lo malo y nuestro hijo borra lo bueno fijándose en que no estamos contentos, por lo cual se desmotiva para portarse bien, porque parece que no lo valoramos.

Sin embargo, si cambiásemos ese “pero” por un “y”, podríamos decir lo mismo pero no borramos lo bueno, sería algo así:

“estoy contenta porque hoy te has portado muy bien y veo que la habitación está sin recoger, así que si lo haces será un día estupendo”, seguro que nuestro hijo irá volando a recoger su habitación y completar la sonrisa de mamá.

También es muy bueno el hablar siempre en primera persona, no es lo mismo decir: “tu no sirves” que “yo creo que tu no sirves”.  El hablar en 1ª persona ayuda a reducir tensiones, no acusas, das una opinión.

-EL AMOR ES FUNDAMENTAL.

El amor es fundamental en la educación.  Lógicamente habrá que poner límites, pero tendremos que centrarnos en no atacar a la persona, sino a su comportamiento.  Habrá que enseñarles una y otra vez, sin descanso, que eso no se toca, que eso se puede romper, que no se pega, a dormir a su hora, etc… pero siempre con gran amor y ternura, a los niños hay que repetirles cientos de veces las cosas, en su cerebro se van marcando unos caminos, se hacen conexiones que durarán toda la vida y esos caminos, también los marcamos nosotros, otra vez nos damos cuenta de la responsabilidad tan grande que tenemos entre manos.  Si nos cansamos de repetir una y otra vez, si desistimos porque parece que no funciona, los surcos y los caminos no quedarán bien visibles y habrá otras conexiones que irá uniendo el niño y no nosotros, marcando así su camino ya desde edades muy tempranas.

Los niños necesitan cariño, tener un regazo donde acudir, donde sentirse seguros y queridos.  Un abandono en este sentido traerá consecuencias negativas para su desarrollo posterior.  Esto está claramente comprobado en las terapias de adultos, donde se ven las deficiencias en este sentido de muchos adultos con inseguridades, alcoholismo, trastornos de personalidad, y otros graves problemas muchas veces debidos a una falta de cariño, de atención, de preocupación por parte de los padres, muchas veces sin saber el daño que realmente están provocando los padres con su forma de actuar… y si lo pensamos un poco, eso es lo verdaderamente grave.

Muchas veces el ritmo diario, los agobios, el estrés, nos impide darnos cuenta del tiempo que dedicamos a nuestros hijos, pero no lo que hacemos por ellos, sino el tiempo que les dedicamos enteramente, para ellos, para que noten y perciban que solamente estamos para él, para cada uno de ellos.  Este tiempo no es mucho, los expertos dicen que solamente con 15 minutos al día ellos ya sienten que sus padres les quieren, que se preocupan por ellos, que realmente les dan su tiempo y que se sienten queridos, protegidos, seguros; ¿somos realmente conscientes de lo que esto significa y lo poco que cuesta? Tampoco se trata de un día estar con ellos tres horas y ser el mejor padre del mundo en ese tiempo, pero el resto de la semana no escucharle lo que le pasó en la escuela porque tienes la cabeza en otras cosas, no, solamente 15 minutos al día; no es mucho y es muchísimo el beneficio.

-LÍMITES.

Hay que poner límites, y el niño tiene que saber esos límites, y tiene que saber que si se pasa de esos límites hay unas consecuencias, es decir, un castigo.  Es bueno poner castigos en favor de toda la comunidad: sacar la basura, limpiar el inodoro… castigos de los que se favorece toda la familia.

También tiene que saber que seguimos queriéndole muchísimo, pero como ha traspasado los límites pues tiene que cumplir lo pactado, es importante haber hablado antes del castigo a realizar, sin sorpresas, esto también nos ayudará a no airearnos más de la cuenta y a no poner castigos desmedidos que después no se cumplen.

No es bueno no castigarles porque siempre sacan muy buenas notas y por eso darles todo lo que pidan, como un premio al esfuerzo.  Si actuamos de esta manera estaremos creando a un monstruo, siempre hay que poner límites, aunque sean brillantes en el colegio pueden ser los que comiencen las riñas o los más egoístas, etc… por lo tanto, cuidado.

Es importante hacer cosas juntos, jugar, excursiones… porque van creando buenos recuerdos, que es en definitiva, lo que les quedará en el futuro de nosotros, los recuerdos; tratemos de que sean buenos recuerdos los que tengan de nosotros el día de mañana.

Hay que saber observar a nuestros hijos, saber qué es lo que mejor se le da, puede no ser un crak en el colegio, pero puede ser o tener unos talentos magníficos en otras áreas, hay que motivarle en lo bueno que tiene, alabarle lo bueno, reforzarle lo bueno.

También hay que dejarles cometer errores porque es la única manera que tendrán de aprender a mejorar.  Si no caen nunca no pueden aprender a levantarse, y cuanto más tarden también es peor.

Siempre hay que buscar momentos para el humor y educar pensando y reflexionando.

El ejemplo es importantísimo, si tu hijo ve que te dominas, que no saltas a la primera, que eres ordenado, que tienes paciencia, que comprendes, que evitas los juicios precipitados, que reflexionas las cosas, etc… ten por seguro que irá aprendiendo, aunque no lo parezca, los niños son auténticos radares que captan todo lo que pasa a su alrededor, somos nosotros los adultos los que perdemos esa capacidad y sólo atendemos a los que nos interesa, pero los niños lo perciben todo, tanto lo bueno como lo malo.

Por último, el saber que tenemos las riendas de nuestras emociones puede costar trabajo, pero es inmensamente gratificante.

 

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